El corte de pelo

El corte de pelo

Se ha puesto la pequeña mala y todo ha sido un despropósito, no hemos podido hacer nada de lo que teníamos planeado.

Cari anda refunfuñando porque no ha podido ir a la peluquería a cortarse el pelo y tiene una cena importante para la cual quería ir bien arreglado.

-Bueno Cari, pues ya irás en otro momento.

-No quería ir con el pelo tan largo- me dice.

-Pues si no se puede, no se puede – le respondo.

-Córtamelo tú.

¿Yo? No, yo no te lo corto. No sé como.

-Si es muy fácil, tengo aquí la maquinilla de cortar el pelo. Sólo tienes que ponerla al 7 y pasármela por toda la cabeza.

-Pues si es tan fácil, ¿por qué no te lo haces tú?

-Porque por la parte de atrás no llego. Échale una mano, por favor, si no queda como en la peluquería no importa.

-Vale, pero no te quejes si queda mal.

-No me quejaré.

Cojo la máquina para cortarle el pelo y estoy aterrada. No sé ni por dónde empezar. Decido empezar por la parte lateral que es lo que menos se nota si me equivoco. A ver si así consigo que me quede igualado.

Hago la primera pasada, esto es como esquilar a una oveja. No es que yo haya esquilado ovejas, pero si lo hubiera hecho, se parecería. Es como cortar el césped, eso sí que lo he hecho. Me parece bastante fácil, la verdad, y mola pasar la cortadora y ver que queda todo igual.

Hago una pasada, otra pasada y ya tengo media cabeza hecha, decido que le voy a dejar una cresta como si fuera el último Mohicano sólo para ver cómo le quedaría. No es que le vaya a dejar así.

-¿Te lo estás pasando bien? – me pregunta Cari.

Me río sin control, está de lo más gracioso así en plan guerrero.

-Quítame la cresta, por favor.

-Voy.

Le quito la cresta y cada vez me siento más orgullosa de mi misma. Me está quedando fantástico.

Corto toda la parte de atrás y ya sólo me quedan los pelillos de la nuca.

-Para eso tienes que quitar el regulador de altura y cortar como si fuera al cero. Ten cuidado no me vayas a dejar calvo.

-Claro que no te voy a dejar calvo, Cari- le digo yo muerta de risa- Tú no te muevas y todo quedará bien.

- Vale, no me moveré.

Os creéis que le dejé calvo, ¿verdad? Pues no, lo hice todo fantásticamente bien. Ni un trasquilón ni nada. Eso sí, algunos pelos quedaban más largos y decidí arreglárselos, soy muy perfeccionista.

Cojo la máquina y corto todos los pelillos sobresalientes de la parte de atrás. Se me va un segundo la mano, os juro que fue un segundo, y ¡zas! Le hice en la parte de atrás una especie de agujero negro.

-Se me escapa un “Aggg”

- ¿Qué? – pregunta Cari.

- Nada – contesto.

- ¿Cómo que nada, si has hecho Agg?

- ¿He hecho Agg? No me he dado cuenta. Ya he terminado. ¿Te gusta?

- Sí, está muy bien. Gracias, Cariño.

- Pues hala, dúchate para quitarte todos los pelos que ahora vuelvo con la escoba para recoger aquí.

 

Salgo como alma que lleva el diablo a buscar a mis hijos. Los reúno a todos en la habitación y les digo:

- He tenido un accidente cortándole el pelo a Papá y le he cortado más de la cuenta.

- ¡Ahhhh! ¡Mamá le ha cortado la cabeza a Papá! – grita la pequeña desconsolada.

 

-No. No le he cortado la cabeza, deja de gritar que te ve a oír- le digo- Lo que quiero decir es que le he hecho un pequeño trasquilón y en una parte de atrás de la cabeza le ha quedado un trozo sin pelo.

Solo quiero que no le digáis que tiene un agujero.

- ¿Quieres que le mintamos? - pregunta el mayor.

-No. No quiero que le mintáis, quiero que no le digáis que tiene un agujero en la parte de atrás de la cabeza, en dos días crecerá y ya no se verá.

-Quieres que no le digamos la verdad.- me insiste el mayor.

-Mira, como le digáis a Papá que le he hecho un trasquilón en el pelo os castigo sin tele un mes ¿te queda más claro así?

-Quieres que mienta y además me amenazas- me vuelve a contestar. Es como Pepito Grillo con 8 años.

-Tú ya estás castigado sin tele. Hala, ¿alguno más? Las niñas, silencio total.

-Vale, pues entonces ya puedo decirle la verdad.

Lo cojo aparte y le digo:

Mira, si no le dices nada, te compro el juego que quieres para la Play.

-Y ahora intentas comprarme- me insiste.

-Sí, estoy intentando comprarte, ¿lo entiendes ahora?

-Tú siempre has dicho que no podemos mentirte ni a ti ni a Papá, ¿por qué puedo hacerlo ahora?

 

Vale, me rindo, tiene razón.

Abro la puerta del baño y ya no tengo mucho que decir, me encuentro a Cari mirándose la parte de atrás con un espejo.

Totalmente derrotada le digo:

-Si te lo pinto con un rotulador marrón, seguro que no se nota…

-Claro que sí Cariño, lo que tú digas- me contesta – pero que no sea permanente.

Qué fama tengo…

Posted on 15/01/2017 Home, Últimos post 0 1167

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