El colgante

El colgante

Este mes mi hermana cumple 35 años y me ha tocado a mi comprarle el regalo por votación popular.

Y, como es una edad muy señalada, han decidido que en vez de los 20 euros que ponemos siempre para el regalo común, vamos a poner 40 y a comprarle algo muy especial.

¿Y qué es algo muy especial? Pues decidimos entre todos que le íbamos a comprar un bolso de una de estas marcas de mujer muy chachis para que lo luciera por la calle.

 

Yo no suelo frecuentar esas tiendas de tan alto nivel y me da un poco de corte, así que le pedí a mi amiga Fátima que me acompañase, que entre dos da menos corte.

Teníamos 180 euros para comprarle un bolso. 

Llegamos a la tienda y empezamos a mirar:

¡Ay! ¡Qué ropa más maravillosa, qué zapatos, qué bolsos! Emocionadas empezamos a mirar.

- Me encanta este bolso- le digo a Fátima- A mi hermana le va a quedar genial.

- Sí, creo que sí – me responde Fátima, mientras se cuelga del hombro otro bolso parecido.

Miro el precio: 460 €. Del susto lo suelto de golpe. Inmediatamente, llega la dependienta:

- ¿Puedo ayudarlas?

- Sí, estamos buscando algo para un regalo.

- ¿Qué tipo de regalo tenían en mente?

- Un bolso – se precipita Fátima a contestar.

- ¿Bolso de mano, de hombro, de cartera?

¡Madre mía! No sabía que había que hacerse un master para comprar un bolso.

-Enséñenos, por favor, qué tipos de bolsos tiene y elegiremos porque no tenemos muy claro lo que buscamos.

Nos pone encima del mostrador una veintena de bolsos. Si antes era difícil elegir uno, ahora ya me resultaba imposible.

- Para poder elegir con más criterio, ¿podría, por favor, eliminar los que superen los 180 euros?

-Sí, claro que sí – y quita 18 bolsos de encima de la mesa.

Así que nos quedan 2 bolsos. La dificultad se ha reducido a la mínima expresión.

Queda un bolsito rectangular de 20 centímetros con un pompón colgado de la cremallera que es una verdadera preciosidad. Creo que era el que más me gustaba desde el principio, una suerte.

-Nos llevamos este –le digo.

Nos lo envuelven que ocupa más la caja que el bolso.

Nos han sobrado 15 euros y decidimos ir a comprarle un bolígrafo divertido.

Cuando estamos en la papelería escogiendo el boli, me doy cuenta de que me falta el colgante que me acaba de regalar Cari por nuestro aniversario.

Me empieza a dar un soponcio y le digo a Fátima:

-He perdido el colgante, se me ha caído.

-No te preocupes que vamos a buscarlo y lo vamos a encontrar – eso es lo que me gusta de Fátima, es siempre positiva.

Decidimos hacer todo el trayecto al revés para ver si lo vemos tirado en el suelo.

Sólo me apetece llorar. Cuando llegamos a la altura de la tienda, le digo a Fátima:

-Vamos a entrar porque igual lo perdí aquí.

Entro y le digo así de sopetón a la dependienta:

-¿No habrán encontrado un colgante?

-¿Cómo?- me responde extrañada.

- Es que he perdido el colgante que llevaba en el cuello y no lo encuentro por ninguna parte. Sólo se me ocurre que se me haya podido caer por la tienda.

-La verdad es que no he visto nada.

-¿Le importa si miro por el suelo a ver si lo encuentro?

-Claro que no- me responde muy cortés.

Miro y remiro, no encentro nada.

Cojo el móvil, le enciendo la linterna y me tiro al suelo a buscar debajo de las estanterías a ver si, por casualidad, alguien le había dado una patada y lo había metido por allí.

-Señora, ¿ha encontrado algo? - me dice la dependienta nerviosa.

Fátima se agacha y me dice:

-Acaba de bajar el responsable de la tienda. Creo que no les gusta mucho que estés tirada por el suelo arrastrándote de estantería en estantería, pareces una mopa.

-Calla, Fátima, que me distraes.

-Señora – dice el responsable.

-¡Un segundito que estoy terminando! – le grito con todo el brazo y media cara debajo de la estantería de los bolsos de mano.

-Señora, por favor, levántese del suelo, permítanos que seamos nosotros los que busquemos.

- No hace falta, gracias – le contesto cantarina.

- Señora, por favor, nuestras clientas se están incomodando – me insiste el responsable.

- ¿Cómo se llama usted? – le pregunto.

- Gregorio- me responde.

- Gregorio, ¿me alcanza un boli por favor?- le digo

- Por supuesto, tenga- me dice muy amable.

Lo cojo con dificultad porque tengo que sacar todo el brazo de debajo de la estantería y en ese momento es cuando giro la cabeza y me encuentro la cara de Gregorio que me estaba lanzando rayos laser rojos por los ojos. No le hago ni caso y me vuelvo a meter debajo de la estantería, de repente grito:

- Ajá, lo encontré, ¡te tengo! Gracias, Gregorio, por su colaboración. Este colgante lo es todo para mí, es la esencia de mi vida matrimonial.

 

Cuando salgo de debajo de la estantería tengo el brazo y el pelo lleno de pelusas y polvo.

Me sacudo, miro al responsable de la tienda y le digo:

-Mire Gregorio, creo que sus clientas se incomodarán al ver lo sucios que tiene los rincones de esta tienda. Me quito un mechón de pelusa de la manga y se la pongo en la mano .-

-Que tenga usted un muy buen día. Y muy dignas nos marchamos de la tienda.

 

Como me gustan mis aventuras con Fátima por Oviedo. No me quiero imaginar cómo serían por Madrid.

Posted on 22/01/2017 Últimos post 0 1626

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