El Globo

El Globo

Ringgggg- llaman al telefonillo del portal

¿Siii? – contesto

-Ponte unos playeros, coge un anorak y baja- me dice mi cuñado

-¿Para qué necesito un anorak si estamos a 29 grados?

- Ya lo verás.

¡Ay, qué emoción! ¿Qué será esta vez? ¿Comprar un coche, comprar una casa…?

 

Cojo los playeros y el anorak y bajo corriendo a ver qué me espera.

Cuando abro la puerta del portal me quedo atónita; delante de mí hay un coche aparcado con un remolque detrás que dice: Globos aerostáticos.

-¿Vamos a montar en globo?- le pregunto mientras doy palmadas de alegría.

- Sí, ¿serás capaz?

-Pues claro que sí. ¡Qué pregunta!

-Pues venga sube al coche – me contesta.

Os aseguro que todos tendríais que poner un cuñado como el mío en vuestra vida, consigue que cada día que me levanto sea una aventura.

Subo al coche más entusiasmada que un niño con consola nueva y le empiezo a ametrallar al chico de la empresa de globos.

-¿Dónde vamos? ¿Cuánto dura? ¿Se necesita algo especial para subir?

- Esperaaa – dice mi cuñado. No me lo vuelvas loco ya desde el minuto 2. Vamos a subir a la Providencia y nos vamos a ir desde allí a ver los Picos de Europa y volveremos justo para la hora en que los niños vuelven del campamento.

- ¡Qué bien programado lo tienes todo! pero… ¿y si pasa algo y no llegamos a la hora?

-Tu hermana está avisada y podrá venir en caso de urgencia, así que relájate y disfruta de tu día. Por cierto, esto es un regalo de tu Cari que ya sabes que anda por el mundo y no puede venir, pero quiere que disfrutes de la experiencia. Me ha dicho que cuando lleguemos arriba nos hagamos una foto y se la mandemos.

 

-Vale, genial- le contesto.

-Toma, esto es un gorro de lana que te tendrás que poner cuando lleguemos arriba, porque estaremos a 5 grados.

 

Llegamos al lugar donde se prepara el globo. No os podéis imaginar lo chulo que es ver cómo hinchan el globo con aire caliente. Me encantó la experiencia, no podía esperar a subirme a la cesta y emprender el viaje.

Tardaron unos 40 minutos en prepararlo todo. Dentro de la cesta tenían bocadillos y refrescos así que mientras esperábamos me tome el pincho de la mañana.

Nos subimos. ¡Qué emoción! No podía ni respirar.

Gonzalo, el chico que dirigía el globo, comienza a mover la manivela para soplar aire caliente y comenzamos a movernos.

 

¡Ufff! ¡Qué sensación de vértigo!

Cuando estamos a 30 metros del suelo, empiezo a sentir que me estoy mareando y que me da un miedo que no voy a poder soportar. Me sujeto con los dos brazos alrededor del borde de la cesta muy fuerte y no digo ni palabra porque, después de todo lo que han organizado para que haga el viaje, como para protestar.

 

Cuando estamos como a 150 metros de altura se mueve el suelo de la cesta de tal forma que el vértigo me puede y siento la necesidad imperiosa de tirarme al suelo. Así lo hago y me quedo pegada como una lapa al suelo de la cesta boca abajo. Empiezo a gritar:

-Quiero bajarmeeee.

Mi cuñado me dice:

-El mareo es sólo mientras se sube. Verás cómo, en cinco minutos cuando se estabilice el globo, se te pasa.

 

Yo siento que esto se mueve por todas partes. Cuanto más subimos, más se mueve y más me estiro yo por el suelo, cogiéndome a ambos lados de la cesta, pero no me hace sentir mejor. Necesito cogerme a algo fuerte, así que me agarro a la pierna de Gonzalo que me dice:

-Intenta mantener la calma, porque si me tiras a mí ¿quién va a manejar el globo?

Al oír eso me entra el pánico.

Quiero bajarrrr! ¡Que me bajéis!

-Me estas agarrando la pierna con tanta fuerza que no puedo respirar – me grita Gonzalo

-¡Quiero bajarrrr!

-No podemos bajar ahora porque estamos pasando por encima de una arboleda. Y Gonzalo mueve la palanca y el globo sube rápidamente hacia arriba. Se me pone el corazón en la boca.

Me pongo a llorar, histérica. Sólo acierto a decir:

-Bajar, quiero bajar, quiero bajar.

 

Mi cuñado se sienta en el suelo conmigo y me abraza. Yo estoy allí hecha un bicho bola en el suelo. Me dice: Ya verás que dentro de unos minutos te vas a sentir mejor porque el globo va a dejar de moverse- y me da palmaditas en la espalda.

-¿Va a dejar de estar volando?

-No

-Pues entonces quiero bajarrrrrr.  Y Gonzalo que mueve de nuevo la palanca y volvemos a subir de golpe otra vez. Empiezo a pensar que hay una relación directa entre mis gritos y las subidas.

 

-No podemos bajar ahora, así que vas a tener que aguantarte. Venga, para que te entretengas vamos a hacernos una foto para Facebook.

 

Saca el teléfono y en el momento en el que está sacando el selfi de nosotros dos, él sonriendo y yo hecha un bicho bola, le vomito encima. Sólo un poco, no os creáis, me moví para no mancharle. Pero al rato me empiezo a sentir mucho mejor y le digo:

 

-Tenías razón, a los 5 minutos unos empieza a sentirse mucho mejor.

Conseguí ponerme de pie y empezar a disfrutar de las vistas.

 

Y esta vez, aunque no os lo creáis, fui yo la que le hice la foto a mi cuñado todo vomitado y la puse en el chat de familia diciendo:

Estamos subiendo en globo. Es fantástico. El cuñado está un poco mareado. Es un flojo.

Posted on 17/07/2016 Home, Pingüineando/ Penguin..., Últimos post 0 708

Leave a CommentLeave a Reply

You must be logged in to post a comment.

Buscar

Categorías

Anterior
Siguiente