HACER NEGOCIOS Y COGER TAXIS EN HONG KONG

HACER NEGOCIOS Y COGER TAXIS EN HONG KONG

Hace un par de días, decidí ir yo a recoger a mis hijos al cole. Acaban de empezar el nuevo curso y pensé que les gustaría, a pesar de que tenía una reunión en el centro de Hong Kong a las 15.40 h, y sólo me daría tiempo a recogerlos, llevarlos a casa y salir corriendo para no llegar tarde a la cita.

Cuando llegué al cole, Javi me saludó con semblante serio, en vez de su habitual sonrisa. “Mami, me duele la cabeza”. Teniendo en cuenta la alerta por calor que se había emitido en Hong Kong por la mañana, pensé que el malestar podría deberse a deshidratación ya que, seguramente, había estado en el patio jugando sin beber suficiente agua. Le di algo de beber, metí a los dos peques en el coche y nos fuimos a casa. Cuando llegamos, Javi se había quedado dormido.

Sé que dicen que durante el embarazo no se debe cargar peso, sobre todo cuando estás de nueve meses. Pero en contra de este sabio consejo, aparqué el coche y llevé a Javi en brazos hasta casa, mientras Gaby arrastraba los pies y tiraba de mi vestido porque, por supuesto, él también reclamaba que le cogiera.

Ya en casa, me aseguré de que Javi bebía suficiente agua, le di un poco de paracetamol y salí corriendo a mi reunión. Con el tema del dolor de cabeza, había apurado el tiempo al máximo y se me había hecho tarde. Si llevaba el coche no llegaría a tiempo ya que necesitaría, como mínimo, 20 minutos para aparcar. Así que decidí coger un taxi.

La reunión era en el Departamento Comercial de Hong Kong, para tratar temas relacionados con la feria de Productos Infantiles en la que participaremos como expositores en enero de 2015. Debéis saber que, mientras que en el mundo occidental el espacio del stand se asigna a las empresas en función del orden de solicitud o antigüedad en el certamen, en Hong Kong es mucho más complicado. Te convocan a una reunión a la que es obligatorio asistir o, de lo contrario, corres el riesgo de exponer entre los servicios y la conserjería. Son citas estrictamente programadas en intervalos de 10 minutos. Mi turno era a las 15.40 h. A las 15.23 h, todavía en el taxi, recibí la primera llamada. “Sra. Lourdes, ¿dónde está?”, me preguntó una voz amable. “Estoy en un taxi, a cinco minutos de distancia”. “OK, la esperamos”. Cinco minutos más tarde llegué al centro de convenciones de Hong Kong. Es un edificio enorme, atravesarlo lleva más de 15 minutos. En cuanto me bajé del taxi me di cuenta que me había  parado en el lado equivocado del edificio. Recibí la segunda llamada a las 15.31 h “Estoy aquí, estoy aquí” contesté, ya echando a trotar. Corrí a través del edificio como no lo había hecho en años, mientras la gente me miraba y se preguntaba qué estaba pasando. Llevaba puesta una  casaca de embarazada, con un elástico debajo del pecho y de color azul claro. Cada vez que me miro en el espejo con ese vestido, me veo tipo elefante, con una barriga digna de trillizos. Finalmente llegué al punto de encuentro a las 15.42 h. Tres personas me esperaban en la puerta. “Por favor, por favor, no corra” dijeron, al darse cuenta de mi estado.

La reunión duró 15 minutos y fue muy bien. Decidí volver a casa en lugar de al trabajo para comprobar qué tal estaba Javi. De lo que no me había dado cuenta era de que la reunión iba a terminar a la hora del cambio de turno de los taxistas hongkoneses. En Hong Kong, coger un taxi entre las 16:00 y las 17:00h es imposible. Siempre me pregunto por qué todos los taxis hacen el cambio de turno en el mismo momento, justo cuando empieza la hora punta y todo el mundo quiere volver a casa. Y ahí estaba yo, intentando coger un taxi con un sol tremendo. Aún con alerta de calor en la isla, no podía dejar de pensar en que cualquier manual de embarazadas me habría aconsejado quedarme en casa, con los pies en alto y bebiendo una Piña Colada sin alcohol. Sin embargo, estaba en la zona más contaminada de Hong Kong, compitiendo con cientos de personas por encontrar el único taxi en toda la ciudad que no estuviera FUERA DE SERVICIO. Después de 45 minutos estaba empapada en sudor, con el pelo pegado a la cara, respiraba con dificultad y mis ojeras llegaban al suelo. Vi cuatro taxis en la acera, tres de ellos tenían la bandera Fuera de Servicio, el cuarto también lo estaba pero aún no había puesto la señalización.

“¿Está trabajando?”, le pregunté al taxista. “Lo siento, fuera de servicio”, dijo sin levantar la mirada. “Está bien, gracias”, dije. El taxista levantó entonces la vista y me miró. Se apiadó de mí. “¿A dónde quiere ir?”. “A Repulse Bay”, le dije. “OK, suba”. No me lo podía creer. Mientras viajaba sentada en el coche con aire acondicionado, no podía dejar de pensar que los ángeles de la guarda existen y yo había tenido la suerte de encontrar uno.

Cuando llegué a casa, mucho más fresca después de 30 minutos bajo el aire acondicionado, le pregunté a la niñera cómo estaba Javi. “Está bien”, dijo, “ya se ha peleado con Gaby dos veces”.
“Sí, entonces ya está bien”, pensé.

Posted on 28/10/2014 Home, Vamos a pingüinear/Penguin... 0 589

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