LECHE DE FÓRMULA

LECHE DE FÓRMULA

Esta semana estoy decidida a resolver el tema de la fórmula para el bebé que estoy esperando. Y no hablo de fórmulas matemáticas, cuya resolución requiere años de estudio y un doctorado… hablo de la leche de fórmula para bebés.

Estoy totalmente a favor de la lactancia materna y di el pecho a mis dos hijos. De hecho, con Javi tuve que esforzarme tantísimo que, al final, me concedí a mí misma el premio “Diosa del Mundo Natural”. Javi fue prematuro y muy pequeño por lo que alimentarlo con leche materna era clave para mejorar su peso y estimular su sistema inmune, y así me lo aconsejaron. Sólo había un problema: el bebé se había acostumbrado a recibir el alimento a través de una sonda, por la nariz, y con biberón posteriormente. Decidida a darle el mejor comienzo de vida, me comprometí a extraer leche durante seis meses. Compré la mejor extractora de leche que podía permitirme y diseñé un programa de bombeo que pondría en jaque a La Central Lechera Asturiana. A pesar del desgaste físico, seguí el plan al pie de la letra y con constancia, como jamás había hecho con dietas o planes de adelgazamiento. Así es que, incluso a día de hoy, escuchar o ver una extractora me pone los pelos de punta.

A pesar de tener la firme intención de alimentar a mi pequeña con lo mejor que la naturaleza puede ofrecer, creo que es necesario estar preparado ante la posibilidad de no poder amamantarla. Y en Hong Kong, conseguir leche de fórmula es un problema importante. Hay que tener un plan de emergencia.

En la mayoría de los aeropuertos occidentales, la aduana está llena de carteles alertando de que la introducción de carne, pescado o queso en el país de destino está penada por ley. Cada vez que aterrizamos en Heathrow desde España y Gabi no ha terminado el bocadillo de chorizo que preparamos como tentempié para el viaje, me pongo de los nervios. A pesar de saber que esa será la última vez que el peque disfrutará de su manjar favorito durante meses, le meto prisa y termino por comérmelo yo misma antes de salir del avión, por temor a ser descubiertos en la aduana con nuestra carga secreta y ser objeto de una inspección completa.

En Hong Kong, a medida que avanzas en el aeropuerto, o atraviesas cualquier otra frontera, te tropiezas con cartelería cada diez metros recordándote la situación de la leche de fórmula. Y, si tienes un bebé que aun no consume sólidos, no puedes evitar ponerte nerviosa.

Recordaréis que hace unos años hubo un gran brote de intoxicación de bebés en China, provocada por las deficientes condiciones en las que algunas fábricas continentales producían su leche de fórmula. Fallecieron muchos bebés y, como consecuencia de la situación, el pueblo chino convirtió Hong Kong en su proveedor de fórmula para bebés, pues tenía mejor acceso a las marcas internacionales. Cuando mil millones de personas quieren comprar en supermercados y farmacias que, por lo general, abastecen a 7 millones de habitantes, la magnitud del problema es clara. De repente, todo Hong Kong se quedó sin fórmula y la fuente fiable más cercana se encontraba a más de 10.000 kilómetros.

Como consecuencia de esta situación, en Hong Kong existen actualmente fuertes restricciones a la compra de fórmula en tiendas. Cuando entras o sales del país te recuerdan que no puedes irte de Hong Kong con más de 2 latas de leche de fórmula, a menos que estés dispuesto a pasar tus vacaciones en la cárcel. La importación de marcas internacionales también es complicada y hay momentos en los que las existencias son muy escasas. Recuerdo cuando Gabi tenía 5 meses. Estábamos usando una fórmula británica que sólo vendían en dos tiendas en Hong Kong. Los suministros comenzaron a agotarse y, cuando por fin llegaba, lo hacía en pequeñas cantidades y con severas restricciones que delimitaban la cantidad de unidades por cliente y por día. Nunca estuve tan contenta de ver el calendario de mi marido cargado de viajes a Europa, de donde regresaba con maletas llenas de polvo blanco. Estoy segura de que, si esto no fuera Hong Kong, el oficial de aduanas lo habría detenido en más de una ocasión, sin creerse lo que estaba viendo…

Posted on 28/09/2014 Home, Creciendo voy, creciendo... 0 1331

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Esta semana estoy decidida a resolver el tema de la fórmula para el bebé que estoy esperando. Y no hablo de fórmulas matemáticas, cuya resolución requiere años de estudio y un doctorado… hablo de la leche de fórmula para bebés.

Estoy totalmente a favor de la lactancia materna y di el pecho a mis dos hijos. De hecho, con Javi tuve que esforzarme tantísimo que, al final, me concedí a mí misma el premio “Diosa del Mundo Natural”. Javi fue prematuro y muy pequeño por lo que alimentarlo con leche materna era clave para mejorar su peso y estimular su sistema inmune, y así me lo aconsejaron. Sólo había un problema: el bebé se había acostumbrado a recibir el alimento a través de una sonda, por la nariz, y con biberón posteriormente. Decidida a darle el mejor comienzo de vida, me comprometí a extraer leche durante seis meses. Compré la mejor extractora de leche que podía permitirme y diseñé un programa de bombeo que pondría en jaque a La Central Lechera Asturiana. A pesar del desgaste físico, seguí el plan al pie de la letra y con constancia, como jamás había hecho con dietas o planes de adelgazamiento. Así es que, incluso a día de hoy, escuchar o ver una extractora me pone los pelos de punta.

A pesar de tener la firme intención de alimentar a mi pequeña con lo mejor que la naturaleza puede ofrecer, creo que es necesario estar preparado ante la posibilidad de no poder amamantarla. Y en Hong Kong, conseguir leche de fórmula es un problema importante. Hay que tener un plan de emergencia.

En la mayoría de los aeropuertos occidentales, la aduana está llena de carteles alertando de que la introducción de carne, pescado o queso en el país de destino está penada por ley. Cada vez que aterrizamos en Heathrow desde España y Gabi no ha terminado el bocadillo de chorizo que preparamos como tentempié para el viaje, me pongo de los nervios. A pesar de saber que esa será la última vez que el peque disfrutará de su manjar favorito durante meses, le meto prisa y termino por comérmelo yo misma antes de salir del avión, por temor a ser descubiertos en la aduana con nuestra carga secreta y ser objeto de una inspección completa.

En Hong Kong, a medida que avanzas en el aeropuerto, o atraviesas cualquier otra frontera, te tropiezas con cartelería cada diez metros recordándote la situación de la leche de fórmula. Y, si tienes un bebé que aun no consume sólidos, no puedes evitar ponerte nerviosa.

Recordaréis que hace unos años hubo un gran brote de intoxicación de bebés en China, provocada por las deficientes condiciones en las que algunas fábricas continentales producían su leche de fórmula. Fallecieron muchos bebés y, como consecuencia de la situación, el pueblo chino convirtió Hong Kong en su proveedor de fórmula para bebés, pues tenía mejor acceso a las marcas internacionales. Cuando mil millones de personas quieren comprar en supermercados y farmacias que, por lo general, abastecen a 7 millones de habitantes, la magnitud del problema es clara. De repente, todo Hong Kong se quedó sin fórmula y la fuente fiable más cercana se encontraba a más de 10.000 kilómetros.

Como consecuencia de esta situación, en Hong Kong existen actualmente fuertes restricciones a la compra de fórmula en tiendas. Cuando entras o sales del país te recuerdan que no puedes irte de Hong Kong con más de 2 latas de leche de fórmula, a menos que estés dispuesto a pasar tus vacaciones en la cárcel. La importación de marcas internacionales también es complicada y hay momentos en los que las existencias son muy escasas. Recuerdo cuando Gabi tenía 5 meses. Estábamos usando una fórmula británica que sólo vendían en dos tiendas en Hong Kong. Los suministros comenzaron a agotarse y, cuando por fin llegaba, lo hacía en pequeñas cantidades y con severas restricciones que delimitaban la cantidad de unidades por cliente y por día. Nunca estuve tan contenta de ver el calendario de mi marido cargado de viajes a Europa, de donde regresaba con maletas llenas de polvo blanco. Estoy segura de que, si esto no fuera Hong Kong, el oficial de aduanas lo habría detenido en más de una ocasión, sin creerse lo que estaba viendo…

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