La sobrina

La sobrina

Intentar comprar en Navidades es horrible, y más horrible es si tu hermana te deja a su bebé de 8 meses durante un par de días porque tiene que ir a trabajar.

Así que aquí me tenéis, los pocos días que me quedan de vacaciones me los voy a pasar comprando la cena de noche vieja y cuidando niños, los míos y los ajenos.

Decido madrugar para ir al supermercado antes de que la marabunta llegue.

Llego al súper a las 9.01 y en la entrada ya hay una cola de al menos 20 personas. Me pongo en la fila e instruyo a mis hijos

-Niños, nada más que abran las puertas tenemos que salir corriendo hacia la charcutería.

Les explico que la charcutería está al final del supermercado a la izquierda.

-Lo más importante de todo es que corráis en cuanto abran la puerta porque si no corréis, entonces nos van a adelantar las 8 personas que tenemos detrás y cuando lleguemos a la charcutería vamos a tener más de 25 números delante.

Abren la puerta y todos los de delante echan a correr al igual que yo que voy empujando el carrito de mi sobrina. Cuando digo yo, lo digo literalmente, corro yo, mis hijos siguen en su sitio. Están discutiendo. Me giro y les grito:

¿Pero no os había dicho que cuando abran la puerta teníais que correr?

-Es que él me pisó- dice mi hija mediana.

-No, yo no te pisé, tú me empujaste- dice el mayor.

-Yo no he corrido porque no me dejan pasar Mamá- me dice la pequeña.

Ya me han pasado por delante todos los de la cola y los rezagados que venían detrás, lo dejo por imposible, me toca hacer una cola de hora y media.

Cojo el número y tengo el 27, desde luego os digo que esto de la maternidad es un ejercicio de autocontrol constante.

Durante los 20 primeros números consigo entretener a los niños manándolos a buscar cosas por el supermercado, en el número 21 mi hija pequeña llega con una bolsa de patatas fritas diciendo que tiene hambre.

-Acabas de desayunar- le contesto.

-Es que tengo más hambre- y me mira desafiante con la bolsa de patatas en la mano.

-No puedes comer patatas a estas horas, vete a dejarlo dónde estaba- le digo con mucho autocontrol.

 

Se pone a llorar como si le hubieran arrancado una pierna, se tira en el suelo y se dedica a hacer la mopa por todo el perímetro de la charcutería, lo deja tan limpio que se puede comer en el suelo.

A lo lejos veo llegar a mis otros dos hijos tirando cada uno de un lado de una bolsa de palomitas. Cuando llegan a mi altura se les rompe la bolsa y las palomitas salen todas volando, ni corta ni perezosa “la mopa” pasa por allí a recogerlas y comérselas; mi sobrina empieza a comer también palomitas porque le ha caído un buen puñado en la silla.

Intento quitarle primero las palomitas a la bebé para que no se ahogue, después pierdo los nervios y le grito a mi hija que deje de hacer el cochino y no coma más palomitas del suelo que está sucio.

-No está sucio Mamá, ya lo ha limpiado ella antes- me explica la sabionda de mi hija la mediana.

Pues también tiene razón la niña.

Los números pasan lentamente y los niños están cada vez más revolucionados.

Por fin toca mi número, estoy en un estado de alteración que no me acuerdo ni lo que tengo que pedir.

Cuando ya estoy terminando veo que los niños se están pegando por llevar el carrito y que se van a hacer daño. Me tienen harta, muy harta.

-Soltad inmediatamente ese carro y a partir de ahora lo voy a llevar yo y no quiero oír ni una palabra, caminad todos delante de mí y al que se pare o hable lo castigo un mes sin Tablet.

 

Cojo el carro me dirijo derecha hacia las cajas. Mi hija se gira y me mira para decirme algo y yo la amenazo con el dedo y ella vuelve a caminar.

Afortunadamente no hay cola para pagar y rápidamente terminamos y los monto en el coche.

- Mamá- me dice la mediana

- No quiero oír ni media palabra más os acabo de decir.

- Pero Mamá – intenta decir el mayor

-Ni pero Mamá, ni pero Papá, he dicho que te calles y que no hables.

Arranco y cuando estoy saliendo del parking mi hija mediana se pone a llorar y dice:

-Me da igual que me castigues para el resto de mi vida, tengo algo que decir.

-Que te calles y además no me contestes.

-Mamá que te has olvidado a la bebé en el supermercado.

Freno en seco, ay Dios mío, me he olvidado en alguna parte a mi sobrina, pasa por delante de mis ojos toda mi vida y el final de la misma es mi hermana matándome por perder a su hija y con razón.

- ¿Dónde me la he dejado?, ¿dónde? - les pregunto histérica.

- En la charcutería- contestan mis 3 hijos a la vez

Vuelvo dentro como alma que lleva el diablo y aparco en el primer lugar que veo.

-A ver si esta vez sois capaces de correr de verdad.

Echamos los 4 a correr dentro del supermercado en busca de mi sobrina. Corríamos mas que Blot.

Estaba, menos mal que estaba, la había recogido una de las señoras que esperaba detrás de nosotros en la cola.

Me miró con cara condescendiente y me dijo

-No digo nada, está usted muy sobrepasada, necesita descansar

Le di un beso y las gracias.

Querida hermana, ahora que lees esto, sólo decirte que lo que pasa en casa de la Tía, se queda en casa de la Tía.

Posted on 01/01/2017 Últimos post 0 1445

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