La nieve

La nieve

Esta Semana Santa, después de muchos años, hemos podido ir a esquiar ya que los niños son más manejables.

Fuimos a Fuentes de Invierno, en Asturias. Llegamos al hotel y el dueño nos dice:

Les he cambiado la reserva. En vez de dos habitaciones, les he dado un apartamento.

¡Qué bien! -pienso – Con un apartamento será todo más fácil.

¿Cómo os imagináis que era el apartamento?

Eran tres habitaciones separadas, dos de ellas con las camas y la tercera con una especie de cocina-salón donde estaba el único baño.

No creáis que estaban juntas, que eso hubiera sido lo fácil. Las habitaciones estaban en un lado y el salón/cocina/baño estaba enfrente.

Nos dieron un llavero con 4 llaves de tal forma que cada vez que querías ir a una habitación tenías primero que abrirla y después cerrarla con llave para irte. Había que probar todas las llaves cada vez porque no estaban diferenciadas, así que el proceso de entrar en la habitación se hacia un poco largo y tedioso.

 Pero el dormitorio me encantaba. Era totalmente alpino con dos literas de madera y al fondo una cama chulísima bajo el techo abuhardillado. Para que os hagáis una idea, era como la casa de Heidi, sólo faltaba el perrito Niebla.

Llega la noche. Después de un intenso día de ski estamos destrozados.

Por supuesto, a las 3 de la mañana mi hija pide hacer pis. Nos tenemos que levantar e ir hasta el otro cuarto donde se encuentra el baño.

Cojo las llaves, parezco el Ama de Llaves de Rebeca abriendo puertas de la casa por las noches.

Vamos hasta la entrada del salón/cocina/baño y empiezo a probar una a una todas las llaves. La primera no es, la segunda tampoco. Se me cae el llavero al suelo y tengo que volver a empezar. La niña se pone a llorar y le digo:

¿Qué pasa? No grites que estamos en un hotel y hay gente durmiendo.

Se me escapó el pis, Mamá.

¡Señor, qué paciencia tengo! ¿Pero, por qué me empeñaré en marcharnos de vacaciones con lo bien que estamos en casa con nuestros baños todos integrados y sin tener que salir al gallinero como en la época medieval?

Consigo abrir la puerta, cojo una toalla, limpio todo el pasillo. Ahora no solamente he desinfectado todos los baños de España para que mis hijos hagan pis. Ahora friego también los hoteles.

Cambio a la niña y le pongo un pijama nuevo. Me pregunta que si se puede volver a la cama y le digo que por supuesto.

Termino de recoger toda la ropa sucia, vuelvo a cerrar la puerta. Ya muerta de sueño, me voy a la habitación y me meto en la cama.

Me extraña que la niña no esté acostada porque estaba durmiendo entre Cari y yo, pero pienso: Se habrá metido en la cama con su hermana. La verdad es que estoy tan cansada que ni me planteo la idea de que la niña se haya podido equivocar de habitación.

Cari, ¿cómo no?, a su ritmo, roncando cual marmota.

El cansancio me puede y me quedo dormida. Después de mucho rato, oigo a mi hija que dice:

-Papiiii

Y le contesto: ¿Qué pasa, hija?

La niña contesta extrañada: ¿Mami? ¿Estás aquí?

Cari prende la lámpara, que mira que sabe que odio que me enciendan la luz en la cara cuando estoy súper dormida.

Le intento mirar con cara de odio pero no puedo porque la imagen que tengo es la de otro Cari, rubio con barba y con unos ojos azules maravillosos. Guapo, guapísimo -que no es que mi Cari no sea guapo- pero es que este está espectacular.

¡Me he muerto y Dios me ha mandado directamente al Paraíso! Seguro que como premio por haber limpiado tanto baño. Le pongo nombre y todo: Adonis.

Inmersa en mis pensamientos estoy, cuando veo que Adonis da un salto fuera de la cama, pero como el techo es abuhardillado se da un cabezazo tremendo. Se cae al suelo pero se levanta cómo un resorte

-Hombre, fea para asustar tampoco soy- le digo yo

-¿Quién eres?-me pregunta.

Estuve a punto de decirle: Yo soy Heidi y supongo que tu serás Pedro, pero vi que el muchacho no estaba para bromas y preferí ponerme a la defensiva.

-Perdona -le dije- ¿quién eres tú y qué haces en mi cuarto, concretamente en mi cama, y dónde está mi hija que a este niño no lo conozco de nada?

-No mira, esta no es tu habitación. Es la mía.

-De eso nada, aquí tengo las llaves y verás cómo esta es mi habitación.

Voy disparada para la puerta. Meto las 4 llaves una por una en la cerradura pero ninguna abre.

Y le digo: Pues nada… Perdona, me habré equivocado. Ha sido un placer dormir contigo. Roncas estupendamente. Espero que haya una próxima ocasión.

Y salgo corriendo.

Me había equivocado de habitación. No estaba cerrada con llave y como no quería despertar a nadie, me metí a oscuras pensando que era la mía.

Volví al cuarto, me metí en la cama y Cari me pregunta:

¿Dónde estabas?

Y le contesto: Durmiendo con el del cuarto de al lado. Me metí en la habitación equivocada, en la cama equivocada y con el marido equivocado.

Y oigo a Cari que se empieza a morir de risa en silencio.

Este hombre ¿nunca va a tener celos y se va a pasar la vida riéndose de mi?

Y pienso: Pues mañana me voy a volver a equivocar de habitación que ahora, que Adonis y yo hemos roto el hielo, seguro que ya no se asusta tanto.

Posted on 28/03/2016 Home, Pingüineando/ Penguin... 0 1209

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