Halloween

Halloween

¡¡¡Halloween!!!

En el colegio de mis hijos somos famosos por las fiestas tan chulas de Halloween que organizamos. Como Cari es de Boston, le gusta celebrar el día rodeado de niños y hemos llegado a tal nivel que todos vienen disfrazados y los trajes son buenísimos. Hacemos un concurso y el ganador se lleva un saco entero de chuches.

Pues este año, se me ocurrió invitar a todos los niños de las dos clases de los mayores y a todos sus papás. En la invitación puse: El requisito es venir disfrazados de vampir@ y bruj@s

Jamás se me ocurrió que iban a venir los 24 niños de cada clase con sus respectivos padres e, incluso, hermanitos. Al final, éramos allí unas 125 personas. Mi piso tiene 100 m2, así que teníamos menos de un metro para cada uno y menos mal que había metros cúbicos y se podía respirar.

Cari, que el día de Halloween se transforma en otra persona, hizo su ponche especial de Halloween, receta de su abuela que era originaria de Salem. Es una pócima de brujas más que un ponche. Está rico, rico, es suave y entra sólo.

A los 45 minutos de empezar la fiesta ya teníamos a la mitad de los padres medio piripis, pegando saltos y cantando a Alaska a pleno pulmón. No podían bailar de otra manera porque no había sitio.

Mi hermano y mi cuñado llegaron de incognito a mitad de la fiesta preparados para dar un susto de muerte a todos.

Iban vestidos de Monjes de la Oscuridad con la cara pintada de negro y se habían pegado en las mejillas unos mini leds para iluminar sus caras. Yo les había comprado la espada roja nueva de StarWars que, cuando se enciende, hace un ruido escalofriante. Verlos era un espectáculo, me daba miedo hasta a mí.

Cari quita los plomos y pone música de terror. Comienza el espectáculo.

Los padres, al apagarse las luces, empiezan a gritar: Fiesta, fiesta, Uhhhh ¡Qué miedo!

Mi hermano y mi cuñado se colocan en el centro del salón como pueden, espalda con espalda, iluminan sus caras, encienden las espadas y empiezan a moverlas en el aire.

Una de las madres se lleva tal susto que le da un soberano escobazo a mi cuñado en toda la cara. Él que no se esperaba el golpe, se cae hacia atrás encima de mi hermano que, al no verlo por estar de espaldas, le da un cabezazo a una mamá.

Ella le echa el ponche en la cara, y yo le grito: ¡Loca! Que me lo dejas ciego, que tiene leds pegados a las mejillas, y le tiro por encima la bebida que llevaba en la mano.

Alguien me da un escobazo por detrás y, de repente, aquello se convierte en una batalla campal a ver quién le tiraba más ponche a quién, quién le daba el mayor escobazo a quién de una manera más que descontrolada.

Conseguimos un enorme charco en el salón donde todos nos resbalábamos y caíamos unos sobre otros. Risas, gritos y diversión a puñados. Empezaron a tirarse las patatitas fritas y los gusanitos. Era absoluamente incontrolable. Yo gritaba: Parad, ¡por favor! Pero cuando intentaba ponerme de pie, me daban un escobazo.

Tengo identificada a la que me lo daba, y se la tengo jurada, que se prepare en el próximo cumpleaños que el vino va a llevar un regalito.

De repente, Cari enciende la luz, toca la vuvucela de mi hijo mayor y grita:

¡Se acabó! ¿Creéis que alguien le hizo caso? En respuesta, recibió una avalancha de ponche, agua y gusanitos.

Yo le grité: Esto es culpa tuya y del ponche de tu abuela.

Se fue y cuando volvió dijo: Si no sabéis parar vosotros, os voy a parar yo y empezó a tirar pan rallado sobre la gente. Terminamos como croquetas, el pan rallado se nos empezó a meter en los ojos. ¡Qué asco! ¿pero cómo se le ocurre? Os aseguro que allí paró en seco todo el mundo, la de los escobazos incluida. Era un espectáculo vernos a todos disfrazados de vampiros y brujas, rebozados en vino y pan rallado, con las patatitas y los gusanitos colgando del pelo, adultos y niños. Menos mal que no hubo heridos graves.

Todo el mundo intentó recomponer la compostura como pudo. Fue difícil, la verdad.

De repente, llaman a la puerta y ¿quién creéis que era?

¡El de Telepizza! con las 7 pizzas que había encargado por la mañana para que las trajeran a las 20.00 horas. Abrí la puerta y le dije: Pasa, pasa Y según iba avanzando hacia el salón iba alucinando un poco mas. Todo el mundo disfrazado de vampiro o bruja, rebozado a más no poder del mejunje de gusanitos, pan rallado y ponche. De repente, se para en seco en medio del pasillo y me pregunta:

¿Los niños están en el salón?

Y le digo: Pues sí y me contesta : Pues son 72,50 y no paso de aquí. Sólo me faltaba que empezasen a saltar a mi alrededor y me pegasen esa cosa asquerosa que lleváis todos colgando. Yo le digo haciéndome la graciosa: Bueno, ¡qué más te dará si ya vas vestido de rojo! Me mira con desdén y me espeta: Y a ver si te haces mirar esto tuyo que ya está rozando lo psicótico. Cada vez que vengo tienes una jauría en casa.

Pues va a tener razón.                      

Posted on 20/11/2015 Home, Vamos a pingüinear/Penguin... 0 1396

Leave a CommentLeave a Reply

You must be logged in to post a comment.

Buscar

Categorías

Anterior
Siguiente