NO TENGO TELE

NO TENGO TELE

“¿No tienes tele?”.

Es algo que suelen preguntarme cuando vienen invitados a casa.

Y no, no tengo televisor en casa. Probablemente el único hogar en el mundo desarrollado sin tele. Cuando nos trasladamos a Hong Kong, nuestro televisor de 42 pulgadas se vino con nosotros desde Londres. Para colgarlo en la pared, tuve que contratar a alguien para que lo fijase, porque las paredes del piso no eran lo suficientemente fuertes como para soportar el peso de la pantalla. El hombre me cobró un ojo de la cara… en realidad, dos. ¡Fue carísimo! Y un par de años después, cuando nos mudamos de casa, me di cuenta de que en todo aquel tiempo no habíamos encendido la televisión ni siquiera una vez. Negados a pagar de nuevo para que alguien agujereara las paredes, decidimos prescindir de la tele. Desde entonces, han pasado más de tres años.

Pero eso no significa que mis hijos no vean la televisión. No soy una de esas mamás que tratan “el tiempo de televisión” como si fuera una amenaza para la supervivencia de la raza humana. Esas madres a menudo tienen tele en casa pero mantienen el mando a distancia bajo llave, con el mismo temor y cuidado que si se tratase de un arma real. Y si, por casualidad, se enciende una pantalla delante de sus hijos, saldrán corriendo con los niños como si un virus mortal estuviera saliendo del aparato. Te hacen sentir como si fueras una madre horrible y descuidada, por dejar a tus hijos ver dibujos o jugar con el iPad en público y, de inmediato, te lanzan esa mirada de “yo lo hago bien, tu eres una mala madre”.

Pero yo creo que la televisión no es mala para los niños, si se gestiona adecuadamente. De hecho, estoy sorprendida de lo mucho que mis hijos utilizan la tecnología (incluyendo pantallas y ordenadores) en el colegio. Es raro el día en que los peques no pasan algo de tiempo frente a una pantalla en clase, ya sea para hacer ejercicios de matemáticas o, como hicieron el pasado viernes, para prepararse para un simulacro de incendio. En Hong Kong hay algunas escuelas que incluso venden tener “un ordenador por alumno”. Así que, ¿cómo pueden la televisión y los ordenadores ser malos en casa pero maravillosos y una herramienta de aprendizaje en los colegios?

Entiendo que lo que es malo para los niños no es ver la televisión o la tablet, lo dañino es lo que a veces dejan de hacer por ver la televisión. Está bien aprender las letras con Alphablocks, pero es malo pasar la tarde viendo dibujos en los que los personajes luchan entre sí, en lugar de estar jugando en el parque.

Lo bueno de la tablet versus la televisión es que permite controlar mucho mejor la calidad de lo que ven los peques. No es como poner la tele y dejarla encendida estén echando lo que estén echando en ese momento. En los ordenadores tienes que cargar o bajarte los dibujos o juegos que quieras que vean. Y eso te hace un poco más exigente. En nuestro caso, cada peque tiene su carpeta con sus vídeos y juegos, la mayoría educativos, empezando por la serie didácticaLeapfrog… y terminando con Syd, el pequeño científico, la última incorporación a nuestra videoteca.

Así que sí, mis hijos ven la televisión y no veo nada malo en ello. ¿Tú sí?

Posted on 09/03/2015 Home, Vamos a pingüinear/Penguin... 0 1083

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